sábado, 4 de febrero de 2012

CODAZZI: TIERRA DE RECUERDOS



Por Rodrigo Rieder

“Hay cosas bellas en la vida que solo con la muerte pueden
acabar”. Así comienza una hermosa canción de Emilianito Zuleta que escuché
estando jovencito en Codazzi. Ese pueblecito que me vio nacer en la “Calle del
Toro” un 20 de mayo de 1950.
La vivienda donde reside Basilio detrás del cine Tiyico,
recibió mis primeras travesuras y las inquietudes de mi papá, quien volaba
cometas con luces originadas por focos de manos
instalados en sus estructuras que hacían de los momentos un espectáculo que
llenaba la as puertas de mi casa en las oscuras noches del Codazzi sin energía eléctrica
en las primicias de los años de la década de los 50s.
El agua para el consumo
humano se vendía en burros por los jóvenes muchachos que antes de ir a clases
traían de las múltiples acequias, el precioso liquido con que se llenaban las
tinajas; me acuerdo que cuando estaba más grandecito en la tienda de nuestra vivienda había un radio tan grande como
una butaca, el cual tenía un bombillo verde que se encendía una vez se
calentaba y comenzaba a funcionar después que se prendiera un motor para
generar la energía que servía para alumbrar las noches hasta que nos acostábamos.
En la mañana de los domingos iba a misa con mi abuelo
Rodolfo y nos poníamos a presenciar alguna travesura de mi padre Mauricio
Rieder, quien hacia piruetas en una bicicleta de doble marco en tamaño
fabricada por él mismo y de las continuas bromas y pases de magia que hacía
para divertir a los que asistían a la gran segunda tienda del centro (la primera
pertenecía a mi abuelo).
Mi madre Dilsa Durán, quedaba acompañada de Rosalía y Martha,
dos muchachas de 7 y 8 años en esa época y las cuales habían criado mis abuelos
desde bebes después que su madre, una indígena yukpa la picara un alacrán en el
seno y muriera por tal fatalidad.
En algunos momentos de esa juventud íbamos a La Palestina,
una finquita de propiedad de mi familia materna al lado de
El Cairo y donde después de muchos años funcionó una pista de aterrizaje
de avionetas de fumigación (Fadeco), donde había toda clase de frutas y se
procesaba la caña de azúcar para hacer panela.
Fueron los mejores y mayormente disfrutados años de mi niñez,
en esa finquita fui un niño repleto de felicidad; mi tía teresa me regañaba
cuando corría detrás de las gallinas. Toribio, Mabel, Antonio, Beatriz, Carmelo
y Julio eran unos muchachos que no sé porqué razón quedaron sin padres y fueron
criados allí sin ningún requerimiento económico por parte de ellos, ni
distinción frente a los otros primos míos, ellos también se consideraban
familia por todos nosotros.
En La Palestina se cosechaba arroz, maíz, plátano, yuca y
habían sembrados menores para complementar la alimentación como ajíes,
cebollincitos, limones y demás. Los frutales de todo género en clima caliente
estaban sembrados a la entrada de la estancia por donde también corría una
acequia de fresca y limpia agua que después con el paso de los años
desapareció.

LOS QUE ME QUEDAN
De los hijos de la hermana de mi mamá o bien sea Teresa quedan tres hijos que residen en el barrio
Las Delicias: Luis Felipe Rodríguez, Marcelino, José Alberto; Mariana habita en
Barinas Venezuela con su familia, ya murieron tres hermanas de ellos: Esther, Rosa
y Edith Marina.
Esa es la familia con todos sus descendientes, que me queda
en Codazzi aparte de dos hijos Ulises Rodolfo y Efer Amid junto con sus hijos.
La última vez que fui a mi tierra me emocioné tanto que
lloré a la entrada donde está ahora una guitarra, recorrí las calles con una
calma de misionero, Cecilia me observaba con detenimiento y cuando llegué donde
Felipe, o bien sea El Ringo, así le dicen en el pueblo desde cuando se
emocionaba cuando presentaba películas como operador de maquinas en el cine
Tiyico de tal personaje pistolero que a él lo emocionaban mucho, me emocioné
mucho y hable hasta tarde de la noche hasta cuando el sueño me reclamó en la
cama en las horas de la madrugada.
En una de las vueltas que di por el vecindario encontré a
Marcelino y su esposa Elba sentados como dos palomitos en la puerta de su casa,
a José Alberto no lo vi, pero para él tengo reservado mi próximo viaje a la
ciudad de mis ancestros.
Salí en la mañana con destino a Bucaramanga, pasé nuevamente
por las principales calles de mi pueblo, todo está cambiado, las casas están desteñidas,
los personajes de mi juventud están cansados en su caminar y la piel se les ve
un poco ajada, mucho pavimento en sus calles, el agua no llega a los hogares
continuamente y hay muchas bicicletas y mototaxis recargando el diario
trajinar, en fin es otro Codazzi distinto al del Pozo de la Vuelta, al Siderio,
al de los ruidos temprano de los motores de las avionetas y al de los gritos de
los voceadores que requerían trabajadores para relear o recolectar algodón en las fincas.
Besé a Cecilia al pasar por el lugar donde una vez existió
La Palestina, no hay gran cosa allí ahora, no existe nada sembrado, la tierra
está árida y no hay ninguna acequia, el Pozón está seco y solo cuando pasamos
por Motilonia vi fertilidad.
Me llevé los recuerdos los guardé en el ganchito de las
cosas hermosas contenidas en mi libro y me dedique a vivir el presenta que hoy
me regala la vida al lado de una hermosa mujer.


miércoles, 11 de enero de 2012

DESAPARECIÓ LA FIGURA DEL FRAY


*Uno de ellos ayudó a forjar mi vida, otro me enseñó a ser laborioso.

Por Rodrigo Rieder Durán

Las primeras enseñanzas que recibí fue de un fray en Codazzi. Como no recuerdo el
nombre de ese enérgico hombre que con libros FTD, catecismo Astete y cartilla Alegría de Leer, me enseñó las cuatro operaciones matemáticas básicas y lo concerniente a y esencial en gramática, higiene, urbanidad, historia patria y cívica, quiero rendirle un homenaje a ese
primer religioso anónimo quién en épocas de Rojas Pinilla me enseñó a ser
conservador.

El homenaje es a la figura de Fray, hoy casi perdida en la vida de los religiosos católicos occidentales del profesor de mi vida arriba citado; esa deferencia la centro en Fray
Carmelo de la Punta de Valencia.

Él había llegado a Colombia en el año de 1894, recorrió la Guajira al lado de las Terciarias Capuchinas luego fue a San Sebastián, hoy Nabusimake llegando a Codazzi en la década
de los 30. Fray Carmelo había nacido en el caserío marítimo de la Punta (Valencia) el día 7 de enero de 1883. Se le puso por nombre Ramón. Su madre, Vicenta Real, murió a consecuencias del parto. Su padre, José Rodrigo, le educó cristianamente y desde muy jovencito lo dedicó a las faenas agrícolas.

Desde entonces sintió la vocación religiosa que él alimentaba colaborando con el cura párroco de Valencia España, tierra donde nació mi abuela paterna Paulina Tenas Anglés de Rieder.

EN CODAZZI CON JUBILO HIMENSO

Fray Carmelo, un hombre de escasa cultura académica, pues solo había estudiado unos cursos de primaria en la escuela de su pueblo, se convierte poco a poco en un hombre imprescindible en marcar las directrices pastorales en el trato con los indigenas motilones.

En esta primera etapa tiene la oportunidad de adentrarse en la cultura indígena y chapurrear el idioma yuko en la zona de Becerril, que en esos tiempos pertenecía al municipio de La Paz, igual a Codazzi. Acompañaba al sacerdote Camilo por las distintas rancherías de los indigenas esparcidas por toda la sierra de Perijá (San Jenaro, Sokorpa, Sokomba, Sikakao, San José, La Cumbre, Sikarare, El Milagro, etc...). Incluso, en ocasiones, le tocaba estar sólo. Estando en Becerril con el padre Camilo les llega la noticia de que el invierno ha arrasado la casa misión de la sabana de San Jenaro. Carmelo es enviado a arreglarla por parte de su superior y lo logra..

Ya curtido misionero, le habían destinado a ejercer labores domésticas sucesivamente en los recién inaugurados orfelinatos de San Sebastián y La Sierrita, para incorporarse definitivamente mas tarde a Codazzi a partir del año 1935. Desde entonces, Codazzi se convertiría en su hogar, su delicia, el objeto de sus amores.

En Codazzi, aparte de atender a los niños del internado y a los indigenas que con cierta
periodicidad bajan de la sierra, se dedica a cultivar la huerta de la Trinidad, contigua al orfanato,donde está actualmente el cementerio de la población "que estaba hecha un esqueleto e invadida por cerdos salvajes que andaban por la zona en esa época."

Fray Carmelo la convierte en un vergel de esperanzas, aprovechando el canal, que desde el
río Espíritu Santo conduce las aguas hasta el actual Codazzi, hoy esas asequias desaparecieron y que fueran construidas por el padre Andrés de Oliva, al fundar el pueblito muchos años atrás con el nombre de Espiritu Santo en el siglo XVIII.

En la finca construye varias acequias que riegan los distintos bancales y produce en
abundancia las hortalizas propias del terreno.

En 1947 Carmelo recibe el mandato del Superior Regular de escribir sus memorias misionales. Con toda humildad pone manos a la obra, a pesar de cometer tres faltas de ortografía cada dos palabras, dejó un escrito interesantí­simo, vivo y descriptivo de lo que es la vida de la misión y del misionero.

Recién llegado a Codazzi en esa segunda etapa de vida misionera, Monseñor Bienvenido
le encarga la delicada misión de acompañar al etnólogo alemán Doctor Gustavo Bolinder, quien se bajó en casa de Rodolfo Rieder Herold, mi abuelo y esposo de Paulina Tenas, en una expedición científica por la Sierra de Perijá.

Acertada elección de un baquiano del terreno y de la cultura indígena. Se detuvieron en San Jenaro, Menastara y Sikakao, y de vuelta por Ven­ezuela, regresaron a Colombia. Bolinder encontró en la persona de este sencillo misionero un gran caudal de datos científicos, que recogió en su obra "Indios de los Nevados Tropicales", y en diversos artículos publicados en revistas
científicas alemanas

La última vez que lo vi en la parroquia llevaba una llave en la mano para abrir un depósito de chécheres viejos que le había encargado el padre Generoso Ballestas por allá en los años de 1966 si no estoy mal recordando.

Fue enviado a España por la curia ya viejo por el Obispo Roigs y Villalba. Al despedirse, Fray Carmelo, nimbado de ternura y sencillez, le dice al obispo: "Papaito, ¿puedo seguir siendo su cirineo?". Y fundiéndose en un fuerte abrazo, hasta derramar abundantes lágrimas, el obispo le contesta: "Tú seguirás siendo mi cirineo, hasta el día de mi muerte". Fray, Carmelo murió en Valencia con fama de santidad el 4 de febrero de 1977.

Hoy lo recuerdo con la nostalgia del hombre maduro, como el codasence que vivió etapas en su pueblo y que hoy las recuerda con cariño, como deben recordarla muchos de mis paisanos regados por el mundo.

QUE ES SER FRAY

Fraile, del latín "frater"significa hermano, es el nombre utilizado para referirse en la Iglesia Católica a losmiembros de las Órdenes Mendicantes nacidas en el Siglo XIII predicando la renuncia a las riquezas materiales y la acción apostólica y evangelizadora. El significado de
"hermano" implica la existencia de relaciones de fraternidad entre los integrantes de la comunidad. En estas órdenes (Dominicos, Mercedarios, Franciscanos, Agustinos, Carmelitas, etc.) es común utilizar el término "fray" como prefijo; ejemplo: fray Bartolomé de las Casas.
Un fray se diferencia de un monje o cura en que su ministerio lo lleva a trabajar por el Reino de Dios fuera del monasterio, mientras que, tradicionalmente, el monje o cura de otros tiempos normalmente no salían de su monasterio o parroquia, en el que se dedicaban a la oración y las labores internas. El monje se identifica con su monasterio mientras que los frailes suelen ser cambiados de lugar según los superiores lo necesiten.

domingo, 23 de octubre de 2011

MUJERES OJO CON LAS CIRUGÍAS PLÁSTICAS


Por Rodrigo Rieder

He tratado de entender a las mujeres toda
una vida, pero me doy por vencido cuando recuerdo una frase que me dijo un
veterano (Laureano Collazos Sanín): “A las mujeres no trates de entenderlas,
a ellas solo hay que quererlas”.
Cuando noto que una mujer no se quiere a
sí misma, entonces trato de quererla yo.
A veces ellas se confunden y creyendo
quererse tratan de modificar sus cuerpos con operaciones quirúrgicas que luego
pasan a ser unas pesadillas durante el resto de sus vidas. Es que el cuerpo no
resiste a esa transformaciones y comienza a buscar alternativas que traen como
consecuencia incomodidades, dolores, tensión de músculos, deformación de células y miles de cosas más.
Tan hermosas como son las hembras al
natural, una mejilla tersa aun con arugas es deliciosa al contacto; una nalg flácida
y tibia no es desagradable acariciarla; también los flácidos brazos de un
cincuentona dan apretujones deliciosos y quien dijo que unos labios de mujer
madura no saben besar.
Ya han pasado algunos años desde cuando
los cirujanos plásticos desocupados de Colombia, que en su momento eran
millones; se reunieron por intermedio de su asociación rector y decidieron
reunir muchos millones de pesos para cancelas a las dos cadenas de televisión
privada que dominan al país para que comenzaran a hablar de las bondades de las
cirugías plásticas; hoy esas mujeres que fueron sus pacientes o clientes se
dieron cuenta de la realidad tras ver los resultados a tiempo más largo cuando
cada cuerpo intervenido, como el mar empieza a reclamar su espacio mutilado.
Hay que tener cuidado, porque esa misma
acción se dio para interpretar a los gordos y flacos (a), hoy para los de la televisión, solo las personas
delgadas son triunfadoras en el mundo, cuando eso no es verdad
Mujeres y, como he tratado de quererlas,
no las critico, pero si les hago ver las consecuencias de tratar de tal manera
al cuerpo que Dios les dio, y les digo:
Mujeres, no cercenen sus cuerpos, para que
usas el llamado botus o los polímeros en tu cara o tu boca; a esa boca enséñala
a besar delicioso y al cutis de tu cara guíalo para que disfrute caricias de
seres amados; el rostro bello de mujer se ve lindo cuando expresa sinceridad en
la emoción de una carcajada o de un orgasmo.
Mujeres, no modifiquen sus nalgas por
Dios, lo importante de ellas no es su dureza, más bien el movimiento nos causa
emoción a los hombres; pienso que las suaves caricias puestas allí para Ustedes
también son disfrutables.
Mujeres, para que operan su senos; cuídalos,
son una parte delicada de tu cuerpo, las puso Dios allí para amamantar, para
darte estética en la hermosura y para atraer a los hombres.
Mujeres,
para que llenan de cicatrices el órgano más grande que tienen, su piel.
Ella se va a volver insensible como resultado de la autodefensa corporal; así
quedarás insensible al tacto, desagradable a la vista del destape y áspera a
los roces románticos.
Mujeres, lo más importante en Ustedes es cuando están
firmes en el amor, en la actitud para amar, si; para dar amor a sus hombres, a los hijos y a la familia. Debes aceptarte como
eres, como Dios te hizo: bella, Ustedes por naturaleza todas son hermosas.

jueves, 16 de diciembre de 2010

EL BRUJO, EL COMERCIANTE, EL CONDOR Y YO.
















EL BRUJO, EL COMERCIANTE, EL CONDOR Y YO.

Por Rodrigo Rieder

Había llegado al lugar sobre la Sierra Nevada obligado por la situación de escasos recursos por la que pasaba en esos momentos y había alquilado mi carro, un jeep blanco modelo 70 que servía de taxi en Valledupar; estaba sentado sobre un árbol caído mirando el horizonte y rumiando el futuro; el frío me calaba los huesos y a la distancia observaba como mi transportado cliente sacaba un mantel rojo a cuadros y se lo mostraba al brujo quien reposaba sobre una banca de madera ubicada debajo de la enramada que contenía el cernido sereno que caía del cielo gris.
El nigromante se llamaba Baudilio; un kankuamo muy visitado por enfermos, políticos, profesionales y viejas beatas que cansadas de pedir imposibles a términos rápidos en la iglesia, y entonces decidían venir donde él para tratar de aligerar sus intenciones.
Las orejas y la nariz estaban frías, una helada visita acariciaba mis mejillas cuando de pronto sentí un aleteo suave y fugaz; alcé la vista y sobre el cerro que tenía al frente vi cruzar cortando la brisa a la bella y grandiosa ave; movía el pescuezo mirando para la oquedad donde abajo corrían cristalinas aguas; allí estaba el cadáver de un perro según observé a la distancia.
Me acomodé en el tronco buscándole a las nalgas el menor maltrato y observé la picada del alado animal sobre lo que podría ser su almuerzo, miré el reloj, las 12 del mediodía. Pasó y pasó rasante, pero no se atrevió a posarse en ningún lugar; de pronto sentí el sonar de unas tapas de ollas y miré hacia la casa del brujo Baudilio; se trataba de una especie de exorcismo donde al parecer se ahuyentaba la mala fortuna del comerciante hotelero quien tenía dificultades para vender sus comida; me dije: “Cada quién cree en lo que desea creer” y superé la distracción al ver al cóndor sobre la rama de un árbol solitario muy cercano a la mortecina.





Entonces si lo vi detalladamente , él es un símbolo nacional de Argentina, Bolivia, Chile, Colombia y Ecuador, y tiene un importante rol en el folklore y la mitología de las regiones andinas de Sudamérica; cuando pensaba en ello vi su negro plumaje y el hermoso cuello blanco purpura; la roja cabeza que meneaba a cada instante como espantando mosquitos que revoleteaban su pescuezo, este se me parecía al miembro viril de los perros.
Silencioso como un veterano de cualquier especie animal, pausado en sus movimientos y altivo en su porte natural, me hizo sentir al igual que él; “el mundo es abierto como el horizonte que visualiza el cóndor en las alturas” pensé, “hacía donde irá mi vida” volvía a pensar y me sumí en la planificación que me permitía la paz, el frío y la tranquilidad que se vive en la Sierra Nevada de Santa Marta.
El cóndor andino se encuentra distribuido a lo largo de la Cordillera de los Andes, desde el sur de la Tierra del Fuego (Argentina y Chile) hasta el occidente de Venezuela, su área máxima de difusión hacia el este se ubica en Argentina alcanzando el Océano Atlántico en las provincias de Santa Cruz, Chubut y Río Negro. Sin embargo, en Venezuela fue declarado en extinción, y en Colombia, el Perú y Ecuador sus poblaciones naturales han disminuido.
Hoy ya próximo al comienzo de ser vencido por los años me siento como ese legendario cóndor; buscando carroñas de una vida que está pasando sin que me diese cuenta de las reales importancias que en ella hay, de las pequeñeces que engrandecen al hombre y que pasan como pasó el vuelo del cóndor sobre mis sienes en un momento de espavilación mientras rumiaba el futuro de mi vida sobre aquel tronco del viejo frailejón caído.


Es el año de 1972, ye tengo recorridos por Puerto Rico, Trinidad y Tobago, Venezuela y Guyana, no valoro el precio de la libertad en ese momento de ver al cóndor, tampoco dimensiono en mis cavilaciones sobre la inmensidad del cielo y de las montañas que me rodean de cuan bello es tener la autonomía sobre sí mismo para decidir, actuar y otras cosas que pasan a ser alimento del ser integralmente.
Ahora al escribir soy sexagenario y veo la vida de una manera diferente a cuando fui por la vida en alguna oportunidad, vagando sin saber que deseaba y se me fueron los años sin que me diese cuenta.
Vuelvo a la realidad y miro al lugar donde el cóndor saca presas del cadáver del perro, los pocos pasos que da para acomodarse son torpes, pero la mirada es inquieta y está coordinada con movimientos involuntarios muy agiles, las plumas le brillan al reflejo del poco sol que se filtra por entre las nubes. Engulle sin prisa y se mueve en un recodo de la falda montañosa donde otras aves carroñeras esperan que él termine su faena para entrar a rematar lo que reste del barcino despojo.
Escucho los murmullos de la conversación, me pongo de pie y camino hacia el lugar donde Baudilio está entregado unas botellas de brebajes y unturas al comerciante de hotel junto a las explicaciones de uso y a las predicciones de lo que podría suceder en el futuro. Llego a la enramada cuando las conversaciones han concluido noto en la pronunciación o el acento del hechicero que habla un mal español, por ejemplo decía: antonces por entonces, estabanos por estábamos; me pregunté, como vienen personas profesionales a consultar a este señor que no sabe ni hablar.
Lo anterior lo reflexioné tras ver un paquete de fotografías expuestas como trofeos, de reconocidas personas de la política, la medicina, farándula y demás donde se apreciaba en su momento como acompañaban a Baudilio, quien narró luego como muchos personajes con distinciones de gobernantes fueron tratados por él.
Cada quien tiene en su cabeza y entender a un mundo, pensé; dispusimos el regreso y cuando conducía el jeep por la serpenteante vía, miré el horizonte y ahí volaba el cóndor; él igual que el brujo andaba sobre algo que ambos creían conocer; el hotelero mexicano y yo tal vez estábamos desorientados.
Todos somos sabios en lo que manejamos, en ese momento yo lo era como conductor, ahora me creo sabio en la reflexión y 28 años después escribo sobre ello.
El hechicero supe años después había muerto de cirrosis, el comerciante se fue a montar un hotel a Bogotá donde la gente come más y a menudo, el cóndor debe tener generaciones que derivaron de sus apareamientos con alguna cóndor de la Sierra Nevada y yo un periodista en el ocaso de sus intenciones de escribir crónicas como está, donde hago reflejos de una vida llena de todo donde ahora veo la felicidad de una manera distinta.

viernes, 13 de agosto de 2010

Cuento de un burro

Aprendiendo de los burros
(Cuento)

Por Rodrigo Rieder Durán

Algunas de las noches eran alumbradas por una luna plomiza; en el potrero se veían los mogotes de paja recortados por la mitad a causa de los mordiscos de quienes se alimentaban con las ásperas hojas. “El Morito”, era un burro de buena alzada, mi abuela lo recibido de su esposo Ulises, quien lo había traído de Guacochito a su regreso de La Jagua del Pilar donde mi tío abuelo Ciro, tenía una recua de bestias en el “Paso del Marquezote”.

“El Morito”, un haragañon versátil, recorría la guardarraya del potrero rebuznando cuando algunos viajeros de paso con sus animales cargados para el pueblo o para sus fincas, circulaban por el camino que pasaba por el frente de la casa de la parcela donde habían sembrados de toda clase de frutales y una acequia refrescaba el ambiente donde en muchas noches vi como se procesaba el jugo de la caña de azúcar y convertido en panelas, luego eran llevadas al mercado al lomo de “El Morito”.

Un domingo en la tarde regresábamos del pueblo y al pasar una acequiecita, al burro se le dio por detenerse a beber agua, venía cargado por el lado derecho con un mochilón lleno de los complementos para los alimentos que no se producían en “La Palestina”, por el lado izquierdo; Carmelo, uno de los ayudantes, se las había ingeniado para amarrar una maquina de coser recién comprada con la que mi abuela Rosa pretendía remendar y hacer vestidos a mis tías, a mi madre y a mi abuelo; el jumento tenía la cabeza baja tragando sorbos de agua fresca cuando de pronto le llegó el olor de unas burras que estaban reposando bajo un frondoso árbol; alzó la mirada, rebuznó fuerte, se echó tres peos y salió corriendo tras las congéneres que emprendieron la huida; se trataba de un burro terco, no le importó llevar la pesada carga para iniciar una persecución en la cual fueron cayendo gavetas, rollos de tela, paquetes de compras y demás elementos comprados en la tienda de Rodolfo, mi abuelo por parte de mi papá.

Nosotros atónitos mirábamos el espectáculo emocionados, “El Morito” no se daba por vencido y a la distancia pudimos ver como consumaba sus ganas de sexo después de haber dejado un reguero de elementos en su afanado recorrido por alcanzar a la burra que se apartó del grupo para luego disminuir la carrera y esperar al ansioso perseguidor con la pausa característica del, “sin querer, queriendo”.

Mi abuela nos ordenó una espera y junto a los mayores del grupo se dedicaron a recoger las cosas que el desesperado burro había regado en el monte; cuando lo interceptaron estaba tranquilo, vino sumiso al lugar donde se le ajustó nuevamente la carga tras las lamentaciones de mi abuela por el maltrato de su nueva maquina de coser.

Fui creciendo y en el tiempo igual me di cuenta como “El Morito” perdía sus energías; una vez cuando ya estaba estudiaba secundaria, lo monté para ir a La Palestina, me di cuenta como él prefería la sombra en el camino, no se detuvo un instante en su rítmico andar, llegó al portón de la parcela y se estacionó para que yo pudiese abrir el cerrojo sin apearme, luego al cruzar la línea de entrada, nuevamente se acomodó para facilitarme la aplicación del pasador de la puerta; cuando escucho el chasquido, reanudó la marcha y llegamos a la estancia.

Al rato sentí unos golpes secos sobre la tierra, estaba sentado frente a mi tía Teresa y mire al burro; ella me dijo, “hay que quitarle el sillón”; lo hice ignorantemente y, por tratar de hacerlo mejor quise bañarlo en la acequia, de pronto escuche una voz que me dijo “los burros no se bañan, ellos se revuelcan solos”; entonces lo solté en el potrerito al lado de la casa. “El Morito” tranquilo se retiró un rato debajo de un carreto frondoso, bajó las orejas, cerró los ojos y se quedó inmóvil. Ahí aprendí que los burros duermen de pié, que nunca se quejan, no lloran, no muestran alegría ni tristezas, no se enamoran pero si sienten afecto, las hembras son las mejores madres, aprenden cosas y no se avergüenzan de ser burros.

Siendo un adulto, una tarde venía con Efer y Abdú; dos de mis hijos; ellos se entusiasmaron con el circo que acababa de llegar al pueblo; nos acercamos en el momento que estaban alimentando los leones, un burro joven sería el plato de ese día para los felinos. Los utileros trataban de hacer entrar al jumento a la jaula donde estaban las fieras rugiendo; la presa no se quejó, solo ponía resistencia para entrar, estaba lleno de temor; noté que se orinó de miedo en completo silencio.

Sentí odio por los que obligaban al animalito a entrar al sitio de muerte; llame a mis hijos a un lado para que no presenciaran la barbarie y solo supe que se había consumado el sacrificio cuando los leones dejaron de rugir; se estaban comiendo al burrito.

Lloré en mi soledad, si; me acordé de “El Morito”, de sus travesuras, paciencia, instinto y voluntad para transportar a quien subió en su lomo; hoy cuando recorro las carreteras de mi patria, también me acuerdo de él; ya no hay burros, ni adentro, ni afuera de los potreros, no se ven por ningún lado, pero ya no son los leones los que se comen a los burros; somos nosotros; si, nos los comemos en mortadelas y salchichones, si; somos nosotros, ya no hay circos en los pueblos, ni burros en los montes; ¿quienes más pueden ser?




sábado, 12 de junio de 2010

Regresando a casa

BACK HOME By Rodrigo Durán Rieder The output of Tel Aviv, it was exciting when we came to Bel-Gurion Airport, accounted for some of us travel on the same plane, others were returning through different companies, some of their own countries, did not see Avianca, I settled for it to be "American", the name alone gave me tranquility, the small groups of friends we select each other, talked pleased with the reelection of President Bush as he called occasionally to small groups of three to five to address until my turn came, we would scale in major cities such as Cairo, Paris, Madrid, Caracas before arriving at Bogota, so I thought when I got to the row of three seats on the right side inside the modern and luxurious ship. It was cold and the night was dark, my row mates were unknown, the unit took off, initially spoke in monosyllables until we entered our confidence and joy mix produced by the rewarding return but with empty pockets, but if their hearts full of many things, the kind that are "live" people in a healthy manner and as God commands. The night sky feels dark, flying clouds, often imaginary, as the view goes some way after crossing the window in that immensity where an illusionary thinking that you can grab the stars, the rhythmic step of the cabineras at times of requests of the passengers became somewhat uncomfortable, strong noise of the turbines, some travelers tocesitas and whispered conversations became common to hear even when each ad broke the sound and everyday travelers. I slept a slight pause, the sun's rays were bright landed again and again with the same take-off roofs of houses, landscapes and skylines to view.



The most beautiful of the trip came when the green appeared pictures of Boyaca was sweeping savannahs, astonishing beauty after having used the hearing to the funds of yellow ocher land of Jaffa, Nablus or Aqaba, these moments were changed some faces passengers, some had reached their destinations and the plane had left other dresses were different from when we left, some sleeping and tired and more continue to Brazil. This country has more significance because back in those distant lands, I think it will be for his size, football, jungle and coffee. El Dorado was warm, no one to know we received, only Bogotá opened his arms and while the vehicle was carrying me to the place where we would stay about 10 days to finalize our management, the city felt very mine and as if born here "by Home at Last "I said. So it feels when you return to the homeland he felt, loved and cried defended in the distance is now history. As I write, new projects arrive, Villavicencio now looms as an expectation home, while reading at the seventh between 22 and 24, the same facade of "Jorge Eliecer Gaitan" the same and equal cartoneros sellers at night are replaced with pansies and scavenging whores bread every day in the constant bustle in the cold and mistrust. After a while, fiddling on the north, Santa Barbara, were the same as luxury cars, not looking for the old board, but packers, brown cabungos wearing leather jackets and dragging rolls consonants when speaking and holding black umbrellas , the same observers and equal showcases beautiful ladies walking and moving hips mortify the feelings of a man who now sees life more beautiful than ever. roridu2000@gmail.com

martes, 2 de junio de 2009

Felidad: ¿Cual?

La felicidad la encontramos de acuerdo con nuestra actitud frente a la vida









¿Porque tenga carro último modelo, casa en estrato seis, cuenta en un banco, vista ropa de Oscar de la Renta y sus hijos estudien en colegios con pensiones caras; cree ser más feliz, merecedor de privilegios y ser más importante que aquel personaje residente en una casa humilde, honrado, trabajador, buen padre y respetuoso de las leyes?






Cuan equivocado estamos los imaginantes de la absoluta verdad frente a tal situación.
Julián Martínez cerró el quitipon sin bajarse del burro, con el garabato había soltado la lazada sin púas del alambre broche y después de cerrarlo apuró al jumento para llegar a la puerta de la vivienda de donde salió Rosa sonriente y dispuesta a ayudarlo a bajar los mochilones donde reposaban las yucas, plátanos, malangas, mazorcas y demás viandas complementarias para la alimentación de la familia durante el fin de semana, luego de lo esencial para guardar la provisión y del regreso de Julianito después de haber soltado en el potrero aledaño a “El Morito”, nombre del principal medio de transportes de la familia Martínez Colón, se reunieron los cuatro después de que Omaida, la menos del grupo se adhiriera a sus padres y su hermano a un coloquio alrededor de la mesa ubicada al frente de la hornilla donde Rosa acababa de bajar del fogón una olla con humeante y fresco café con el cual se iniciaba la comida de la tarde.
Hablaban por turnos sobre los temas del colegio de los jovencitos y de la maestra de la vereda, de los conejos capturados con los lazos de alambre liso puestos por Julianito, Omaida se refería a los tendidos de ropa sostenidos por la troja donde las hortalizas alzadas para evitar a las gallinas, necesitaban una reparación y Rosa ponía al tanto al grupo sobre su viaje al poblado para comprar sal, aceite y azúcar.
En la noche cada quien sobre una poltrona en el patio a cielo abierto, observaban la luna, mirraban en el trasluz a las candilejas y los cucuyos, escucharon juntos los sonidos del campo, olieron los aromas de los heliotropos crecidos en las orillas de la acequia cercana y narraron cuentos criollos e historias de antepasados muertos y vivos en sus memorias.
En una parte de la ciudad, Álvaro Muñoz entró conduciendo su carro al garaje, bajó corriendo, gritó a Carmen, la de servicios generales, para encontrar servido en la mesa el almuerzo hasta las seis de la tarde no había podido ingerir nada, miró sobre la mesa los 20 recibos de cobro de las mensualidaddes de: agua, luz, cable, gas, periódico, internet, colegio, universidad, casa, teléfono, celular, obligaciones bancarias Etc. Algunos de ellos estaban atrasados o con una orden de corte señalado por una tijera pintada; eso lo mortificó un poco, luego se exaltó cuando se enteró sobre la ausencia de su esposa, quien estaba al parecer conversando con amigas en el club, la hija mayor se había ido de paseo en el automóvil nuevo con el novio y el menorcito había llamado por teléfono para decir que dormiría en casa de la vecina del dueño del almacén más grande de la ciudad.
Álvaro se molestó cuando aligeraba los alimentos fríos, la muchacha solo lo había esperado un poco para luego salir a la puerta a hablar con el celador del barrio; no había encontrado las madias parecidas al color de su pantalón, una orden de embargo del Juzgado civil estaba pisada por el frutero de la mesa del comedor y debía apresurarse si quería llegar a tiempo al sitio donde lo esperaba un comprador de ganado de quien había ya recibido un dinero y se disponía a visitar la finca para llevarse las vacas negociadas en días pasados y de las cuales algunas estaban muertas por efectos de la aftosa.
No quiero ahondar más, pero podemos sacar conclusiones en cual de los dos grupos está presente con mayor énfasis la felicidad.
Esta es una historia real, tomada de las constantes visitas realizadas en el entorno donde me muevo. Agréguele a sus cavilaciones después de leerme; muchos ingredientes más noconsignagnados acá por cuestiones de espacios periodísticos y, podrá concluir sobre la importancia de tener dinero y la de ser felíz sin la necesidad prioritaria de tenerlo por montones.